martes, 22 de enero de 2019

Razas, variedades y subespecies: ¿son lo mismo?



Los términos de “raza”, “variedad” y “subespecie”, aplicados al Reino Animal, son palabras que generan frecuentemente confusión. La razón es que designan conceptos muy similares entre sí lo que causa que se usen muchas veces como sinónimos (incluso no pocas veces en el ámbito académico especializado). En esta crónica voy a tratar de explicarte el significado de cada uno de ellos, y sobre todo, te enseñaré a utilizarlos con propiedad. 
Las razas caninas son el ejemplo más clásico de raza doméstica
Raza 
Voy a adelantarte desde ahora mismo, que estos tres términos designan algún tipo de población animal, siempre dentro de una especie, que se distingue del resto de sus congéneres en algún tipo de rasgo visible, en principio. No quiero entrar aquí en sesudas definiciones que tengas que aprenderte de memoria, ni tampoco en profundidades biológicas. Lo que me interesa sobre todo es que entiendas los conceptos, e ilustrártelos con ejemplos. Luego tú vístelos con las palabras que mejor te encajen. 
Empezaremos por la raza. Intuitivamente, una raza es un grupo en que se subdivide una especie tomando en consideración rasgos fenotípicos, esto es, externos. Digamos que un ser vivo tiene dos partes fundamentales en cuanto a su aspecto: el genotipo es el conjunto de instrucciones y códigos genéticos que almacena en su ADN. El segundo es el fenotipo, es decir, el aspecto externo ue podemos ver con nuestros ojos, y que es la expresión física del genotipo, que no podemos ver. Estos rasgos se transmiten de generación en generación. 
Debes tener clara una cosa importante: la “raza” no es categoría taxonómica en Zoología (o sea, una categoría clasificatoria). Es un término sin ningún valor científico, pero sí con un valor descriptivo. 
Raza vacuna sueca roja y blanca
Actualmente, el uso del término “raza” está reservado exclusivamente para los animales domésticos. Es decir, se habla de “razas de vacas”, “razas de ovejas” o “razas de perros”, pero nunca se usan frases como “razas de leones”, “razas de mejillones” o “razas de saltamontes”. Por tanto, las características físicas que conforman una raza determinada son producto de la selección artificial por parte del ser humano. 
Así, si tomamos como ejemplo el perro, vemos que cada raza canina viene definida por una serie de características: tamaño, figura, tipo y color del pelo, tamaño de las orejas, patas u hocico, etc. Así, el perro de raza pastor alemán es exteriormente muy distinto al perro de raza San Bernardo, o el minúsculo perro de raza chihuahua es completamente diverso del gigantesco perro de raza Gran Danés. Es decir, una raza viene normalmente definida por un conjunto de varios rasgos morfológicos diferentes, pero dentro de una especie con una unidad genética
Es decir, siguiendo con el ejemplo de los perros, que es muy fácil de entender, pastores alemanes, San Bernardos, chihuahuas o Gran Daneses, por muy distintos que externamente puedan parecer, son todos ellos perros con un mismo perfil genético o filogenia. Por eso, las razas domésticas pueden cruzarse entre sí, y obtenerse razas híbridas fértiles que luego el ser humano ha ido modificando a su conveniencia. 
Variedad 
El término “variedad” es muy vago y muy frecuentemente se usa como sinónimo de “raza”. Pero no lo es. Al igual que sucede con “raza”, “variedad” no constituye ninguna categoría taxonómica en Zoología. Pero, ¡atención!, en Botánica sí lo es: es una categoría reconocida por debajo de “subespecie” y por encima de “forma”. Pero nosotros vamos a referirnos aquí a las variedades zoológicas. 
De todos modos, hasta 1961 “variedad” sí se usaba en Zoología en el sentido de “subespecie”. A partir de ese año la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICZN) dejó claro que sólo la categoría “subespecie” sería reconocida por debajo de “especie”. 
Bueno, basta de cháchara. ¿Qué es, entonces, una variedad?, ¿cómo puedes usarla con propiedad hablando de animales silvestres? 
Una variedad es una población de individuos de una especie, que se diferencia fundamentalmente del resto de congéneres en un único rasgo morfológico. A diferencia de la raza, que se basa en un conjunto de varios rasgos morfológicos, y se aplica sólo a animales domésticos, la variedad se aplica a fauna salvaje y se basa en un solo rasgo. A semejanza de la raza, una variedad siempre va a mantener el mismo perfil genético que su población de referencia: si es una especie, tendrá la misma línea genética que la especie. Si es una subespecie, tendrá la misma línea genética que la subespecie. 
Ejemplos de animales melánicos.
Para que lo entiendas mejor, nada como unos ejemplos. ¿Has oído hablar del albinismo o el melanismo?. ¿recuerdas cuando te hablé del melanismo industrial en la crónica de Darwin y el Origen de las Especies?. Un animal es melánico cuando, debido a un exceso de melanina (que da color a la piel), presenta un color completamente negro. Tal vez el animal melánico más famoso del mundo es la pantera negra, que no es más que una variedad melánica (¿ves cómo se usa la palabra?) del leopardo (Panthera pardus), más concretamente en la zona de Indochina. 
Las panteras son leopardos idénticos en todo a sus congéneres de la región excepto en la pigmentación, y sólo en la pigmentación. Por eso hablamos de “variedad” de leopardo. 
Otro ejemplo de “variedades” zoológicas nos lo da la Regla de Bergmann. Según esta regla, los individuos o subespecies (en su caso) de una especie tienden a aumentar de tamaño cuando el clima es más frío. Esto es así porque un tamaño mayor minimiza la relación entre el volumen y la superficie del animal, y esto se traduce en una menor pérdida de calor, algo fundamental en climas fríos. Por eso, en Eurasia, cuanto más al Este y más al Norte, más grandes son los animales porque el clima se hace más riguroso. 
Un ejemplo de ello son los alces que viven en Suecia. Como puedes ver en el gráfico que adjunto, se ha estudiado el tamaño de los mismos según la latitud. Puedes ver claramente cómo el tamaño aumenta según ascendemos hacia el Norte. En Escandinavia, el alce pertenece a la subespecie nominal (más adelante te voy a explicar qué es esto). Lo más importante es que tanto los alces más grandes como los más pequeños, dentro de Suecia, presentan el mismo perfil genético correspondiente a esa subespecie nominal. La única diferencia entre ellos es, pues, el tamaño. Podemos decir que los alces norteños en Suecia son una variedad de alce escandinavo, más grande que el resto. 
Variación del peso de los alces con la latitud en Suecia
Subespecie: la caja de Pandora dentro de la caja de los Truenos. 
Si el concepto de especie ya es, de por sí, discutido y discutible, el de subespecie es aún más polémico. Una subespecie es un grupo de individuos de una especie que, además de los caracteres propios de la misma, tienen en común otros caracteres morfológicos que los distinguen de las demás subespecies o de la población nominal. Pero, vamos a ver, ¿no es esto mismo una raza?. No. La diferencia fundamental entre raza y subespecie es que aquella mantiene la unidad genética fundamental de la especie, mientras que ésta constituye líneas genéticas distintas
Subespecies de lavandera boyera Motacilla flava
Es decir, una subespecie podría considerarse como un paso previo para la formación de una nueva especie, si se dieran las condiciones adecuadas. Porque, en estado salvaje, las distintas subespecies no se solapan entre sí, ni se cruzan porque mantienen un aislamiento geográfico y genético entre ellas. Siempre hablando en términos generales. La subespecie sí es una categoría taxonómica, y se designa por un trinomen: Genero + especie + subespecie. Así, nuestros alces suecos serían Alces alces alces. Pero la pantera negra sigue siendo Panthera pardus, porque una variedad no es una categoría taxonómica. 
En resumen, las subespecies son poblaciones genéticamente diferenciadas dentro de una especie dada. 
El guacamayo jacinto es un ejemplo de especie monotípica
¿Todas las especies tienen subespecies?. No. Hay especies llamadas “monotípicas”, que no presentan subespecies, como puede ser el guacamayo jacinto Anodorhynchus hyacinthinus y hay especies “politípicas”, que sí tienen subespecies reconocidas, como el tigre Panthera tigris. Dentro de las especies politípicas, se conoce como población nominotípica a la primera población de esa especie donde fue descrita la especie por primera vez. Por tanto, las subespecies que se puedan describir de esa especie se comparan siempre con esa población, que recibe entonces el nombre de subespecie nominal, como el caso de nuestros alces escandinavos. 
¿Por qué digo que el concepto de subespecie es polémico?. Porque, al menos hasta hace muy poco, la descripción de una subespecie dependía de la apreciación subjetiva de la persona que hacía la descripción. Por ejemplo, no sé si recuerdas cuando te hablé de las subespecies del lobo. Nuestro naturalista Ángel Cabrera se fijó en los lobos de la Península Ibérica y le pareció que eran más pequeños que los demás lobos. Además, en sus antebrazos hay unas marcas oscuras que no tienen los otros lobos. Por eso, él describió la subespecie “lobo ibérico” y la denominó Canis lupus signatus. Es más, fijándose en lobos de la parte sureste de la Península ibérica, creyó apreciar otras características distintivas y describió otra subespecie de lobo: Canis lupus deitanus
Sin embargo, cuando la comunidad internacional de especialistas examinó el trabajo de Cabrera, a ellos no les pareció que esas diferencias morfológicas fueran tan acusadas e importantes, y finalmente no reconocieron las dos subespecies que Cabrera describió. 
Esto pasa constantemente: un especialista aprecia que un individuo o una población es más alta, más baja, más clara, más oscura, con los dientes más largos o más cortos, con un lomo más cóncavo o más convexo…pero otro especialista observa al mismo animal y no aprecia nada de eso. Por eso las subespecies están constantemente en revisión. Un buen ejemplo de ello es el tigre, que antes te ponía como ejemplo de especie politípica. 
Subespecies de tigre clásicamente consideradas
Tradicionalmente, los especialistas reconocían nueve subespecies de tigre: 
-Tigre de Bengala Panthera tigris tigris (subespecie nominal: India) 
-Tigre siberiano o del Amur P.t.altaica (Ussuria, Manchuria) 
-Tigre del Caspio P.t.virgata (del Cáucaso al Asia Central, extinguido) 
-Tigre de China P.t.amoyensis (China estricta) 
-Tigre de Indochina P.t.corbetti 
-Tigre de Malasia P.t.jacksoni 
-Tigre de Java P.t.sondaica 
-Tigre de Bali P.t.balica 
-Tigre de Sumatra P.t.sumatrae 
Todas estas subespecies habían sido descritas con base en diferencias de tamaño, color y diseño del pelaje. Sin embargo, la taxonomía del tigre fue revisada en 2017 con base a un nuevo criterio: el perfil genético. Esta técnica ha terminado con la ambigüedad de las apreciaciones “a ojímetro”, y han permitido eliminar subespecies donde no existían en realidad, y añadirlas donde sí existían. Según esta revisión, sólo existen dos subespecies de tigre: 
-Tigre continental P.tigris tigris 
-Tigre insular (Java/Bali/Sumatra): P.t.sondaica 

Cladograma de los tigres. Obsérvese los dos grandes "clados" correspondientes a las dos subespecies actuales
Dentro de los tigres continentales, existe una variedad de mayor tamaño que los demás, de acuerdo con la Regla de Bergmann: el tigre de Siberia, que ya no tiene una categoría taxonómica ni trinomen. ¿Empiezas a verlo claro? 
Distribución histórica y actual de las subespecies tradicionales de tigre
Una de las consecuencias positivas que ha tenido el análisis filogenético, es el de descubrir subespecies en especies anteriormente consideradas “monotípicas”: se llaman “complejos de especies” o “cripto-especies”, puesto que externamente no presentan ninguna diferencia, pero internamente tienen diferenciación genética a nivel de subespecie. Un ejemplo de ello son las seis especies de la rana Hypsiboas calcaras-fasciatus.
Otro ejemplo de especie con subespecies, esta vez sin discusión, es el chimpancé (Pan troglodytes). Se reconocen cuatro subespecies, que viven aisladas geográficamente entre sí: 
-Chimpancé occidental Pan troglodytes verus (Guinea Conakry) 
-Chimpancé de Nigeria/Camerún P.t.ellioti 
-Chimpancé central P.t.troglodytes (subespecie nominal – Congo Central) 
-Chimpancé oriental P.t.schweinfurthii (Congo oriental) 
Aquí puedes ver un mapa que muestra cómo se distribuyen las subespecies de chimpancés: juntas, pero no revueltas. En el cladograma que verás a continuación se comprueba cómo cada subespecie constituye una línea genética diferente.
Área de distribución de las subespecies de chimpancé
Cladograma de las subespecies de chimpancé
¿Qué sucede con el ser humano? 
Zoológicamente los humanos somos primates, de modo que la pregunta sale sola: ¿se aplica al ser humano alguna de las categorías de raza, variedad o subespecie? 
Los estudios filogenéticos son claros: ni al humano moderno ni a las especies anteriores de Homo les corresponden subespecies. Los humanos somos, en ese sentido, una especie monotípica. Algunos especialistas han intentado establecer que el Neandertal o el denisovano fueron subespecies del hombre moderno, pero no ha prosperado esta línea de pensamiento. 
Pasemos a la variedad. Aquí la precisión empieza a perderse pero existen estudios que aseguran que la Regla de Bergmann también afectaría a la especie humana, siendo algunos grupos humanos norteños, como los aleutas, los inuit y los sami, más “pesados” que el resto de humanos. Siguiendo el criterio que te he marcado antes, serían “variedades” humanas más grandes pero personalmente me parece que es una apreciación un tanto endeble. 
Las razas humanas son una realidad polémica
La verdadera polémica viene con la aplicación de la palabra “raza” a los humanos. Vamos a tratar de razonarlo. 
Si te das un paseo por las grandes capitales de Europa Occidental o de Norteamérica, como Londres, París, Madrid, Nueva York o Toronto, al observar a la gente de tu alrededor te vas a dar cuenta de la gran variedad de aspectos que tienen: algunos tienen la piel negra, los labios gruesos, la nariz chata y el pelo crespo. Otros tienen la piel amarillenta, los ojos rasgados y el pelo lacio. Otros tienen la piel pálida, el pelo y los ojos claros…sí, son rasgos físicos externos que distinguen ciertas poblaciones de otras, y que no contradicen la unidad genética de la especie humana. 
En efecto, ya desde el mismo momento de la clasificación linneana, en el siglo XVIII, se reconoció el concepto de “razas humanas”. Eso sí, aunque a ojo pueda parecer sencillo, nunca se ha llegado a categorizar cuántas razas humanas existen, y qué rasgos definen a cada una de ellas. 
Por eso, los especialistas se lanzaron a la tarea de estudiar las razas humanas para poder conocer sus características y su origen. Y aquí se empezó a liar, porque a mediados del siglo XX comenzaron a aparecer abusos graves dentro de este campo de estudio. En efecto, en 1859 aparece la obra clave de Darwin “El Origen de las especies” justo en el momento en el que la Segunda Revolución Industrial empezaba en Europa y Norteamérica. Como consecuencia de esta Revolución, las naciones anglosajonas y germánicas alcanzaron cotas de desarrollo político, industrial, económico y social superiores a otras naciones del mundo. 
Aparece, en el seno de estas sociedades, el llamado darwinismo social, que tiene dos vertientes: la primera: los pueblos anglosajones y germánicos serían “más aptos” para la supervivencia que otros pueblos más “atrasados” (según ellos), y tendrían “derecho” a “tutelarlos” y a “civilizarlos”. Esto sería la justificación del Colonialismo que vendría luego. La segunda: dentro de las propias sociedades “desarrolladas”, las “clases” adineradas serían “más aptas” para la supervivencia que las más “pobres”, y por tanto tendrían idéntico “derecho” a “controlar” y “tutelar” a las clases “inferiores”. 
Por tanto, surge el racismo: el trato diferente a personas según su raza o, más ampliamente, según condiciones sociales. Así, en los EEUU (hasta 1965) y en Sudáfrica (hasta 1994) se instauran sistemas de apartheid, o separación física de las razas blanca y “de color”, con detrimento de derechos y oportunidades a éstos. También, en algunos países anglosajones y germánicos existieron leyes de esterilización para que las categorías sociales “inferiores” no pudieran reproducirse. 
Siniestro, ¿no? 
"La carga del hombre blanco". La raza blanca debía "tutelar y civilizar" a las razas "inferiores"
Pues todavía vendría lo peor. Como culminación y última consecuencia de toda esta cultura racista que venía incubándose desde mediados del siglo XIX, el régimen nacional-socialista de Adolf Hitler en Alemania llega a exterminar físicamente a todos aquellos individuos considerados “inferiores” y, como tales, enemigos del “pueblo” alemán. 
El estudio de las razas humanas cayó, por tanto, en el descrédito absoluto y, al terminar la Segunda Guerra Mundial, a partir de los años 1950 desaparece de los programas científicos. Es más, andando el tiempo surgen corrientes de opinión según las cuales las razas humanas “no existen”, y en realidad son sólo “constructos sociales”. Según este movimiento, hay que eliminar el concepto de “raza humana” y sustituirlo por el de “etnia”. 
No estoy de acuerdo con esto. El concepto de “raza” es biológico, y el de “etnia” es socio-cultural, por lo que ahí sí que nos metemos en un avispero del cual no conseguiríamos salir nunca. Aun a riesgo de ser impopular, debo decirte que las razas humanas sí existen. A mí no me parece que una nariz chata, una piel rojiza o unos ojos rasgados sean “construcciones sociales”. 
Los hechos científicos en general, y biológicos en particular, no pueden ser negados. Es bastante curioso, además, que desde personas afines a estos movimientos se suele hablar de personas “racializadas”, refiriéndose siempre a cualquier persona de raza no blanca. Luego sigue manejándose el concepto de raza, si bien bajo ciertos eufemismos. Lo que ha pasado es que la política, el nacionalismo, y otras ideologías han manipulado esta rama del conocimiento humano. Y cuando las ideologías interfieren en la búsqueda libre del conocimiento, éste se resiente, se falsea y entonces la finalidad de la Ciencia se pervierte. 
Apartemos las ideologías de la Ciencia, y volvamos a mirar el Reino Animal con el asombro de un niño, el mismo que tú me muestras cuando te cuento estas crónicas.